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PRENSA/PUBLICACIONES
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Galería CLAVE Murcia/ agradecimientos a Paco Salinas, Antonio López, Juan de la Cruz Megías, Ernesto García y a la gente buena que conocimos. |
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| CLAROSCURO: TEXTO PROGRAMA Nuestro
trabajo actual explora una tecnología que tiende a abolir el tiempo
y el espacio. En este contexto se puede proponer una idea de deslocalización
general. |
Claroscuro
es una metáfora que representa los dos mundos entre los cuales transita
el hombre: el mundo claro y el mundo oscuro, lo trascendente y lo inminente,
lo análogo y lo digital). Esta obra inmaterial y deslocalizada expresa la crisis de la autora que va adquiriendo un nueva perspectiva a través de la interacción en tiempo real, es decir una perspectiva del tiempo cuando sabemos antiguamente fue la perspectiva visual la que revolucionó a la sociedad época del S. XIV, consciencia representativa que aun conservamos. Es una experiencia Plástica y estética donde la artista presta sus ojos para ver a través de ellos. |
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TEXTO CATÁLOGO
“Los
límites de mi lenguaje significan los límites de mi mundo.” Cuando te has habituado a ver diseños digitales (normalmente realizados mediante los sistemas y programas de retoque infográfico), aprendes a distinguir una serie de situaciones formales que revelan no sólo el objetivo último del artista, sino su filosofía de trabajo, su actitud formal y, lo que es más importante, discursiva. Así, por ejemplo, comprendes con gran rapidez y precisión si la imagen se ha conformado a partir de collage fotográfico, o si, por el contrario, está generada bidimensionalmente a la manera de una pintura tradicional, sólo que sustituyendo la paleta de colores pigmento por la gama de colores luz, el papel por la pantalla y el pincel por el mouse. También, y esto ocurre cada vez con mayor frecuencia, comprendes que la imagen que tienes ante ti ha sido generada como un sólido de revolución, utilizando procesos de diseño 3D y que, por tanto, estás ante una de las infinitas posibilidades de situación, posición, y ambientación de la estructura general de la forma (o del complejo formal -en muchas ocasiones completos environmments-), que el artista ha seleccionado como instante congelado de un tiempo-espacio que revela algo especial de ese contexto formal. Incluso, llegando aún más lejos, es posible que la imagen ante nuestro ojos no sea sino la congelación fruto del detener el movimiento de alguna animación concreta. O, porqué no, una situación que, aprovechando el sistema de capas en profundidad jerarquizada de los programa infográficos de diseño y pintura, entremezcle todas estas posibilidades anteriores. Y esto es precisamente -dentro del contexto técnico-, lo que la artista chilena Sara Malinarich nos ofrece con este conjunto de piezas gráficas, pero que se revela esencial para comprender sus proposiciones discursivas. Sara es una artista que hace unos cuantos años cambió la sistemática del cuadro estático por la narratividad expandida de los sistemas dinámicos multimediales. Trabajando en sistemas tridimensionales de revolución, comenzó a construir fascinantes pasajes en torno a sus pensamientos más íntimos, sobre sus reflexiones en torno al devenir del arte, del mundo, de las apariencias. En torno a su propia posición y ubicación frente a ello. Claroscuro -su pieza anterior, construida en un sistema 3D dinámico, basado en la navegación interactiva-, resultó una pieza “terriblemente moderna” (en palabras de nuestro amigo común, el artista francés, pionero del arte electrónico, Louis Bec), que describe con la sutil precisión de lo absolutamente subjetivo su visión de las transformaciones del mundo que le ha tocado vivir, y cómo esto afecta a un antes y un después en sus sistemas de representación, de narración de las consecuencias personales. Navegando continuadamente, recorriendo una y mil veces estos “pasajes de la memoria”, Sara descubrió -junto a su espectador/usuario-, que un sistema de solapamiento atraviesa la memoria de cuanto ha acontecido en esa navegación. Pero, esto, ya en nuestro sistema perceptivo, ocurre como en un sistema de capas superpuestas sobre una superficie estática, bidimensional, como acontecía en el viejo plano del cuadro. ¡Miren ustedes por dónde: Sara regresaba a la pintura!. Y de qué manera. Tan natural pero, a la vez, tan enriquecedoramente renovada, por esta ulterior experiencia mediática. Su regreso a la Pintura es un regreso -con Virilio- a la democracia de la representación, del discurso expandido que celebra -como en una gran fiesta- la renovación del Arte que vuelve a su mismo lugar de partida después de un largo viaje, agotador, pero que no nos ha dejado indemnes. A nuestro lado, los restos del naufragio. Residuos formales que relatan entrecortadamente, en un solapamiento propio de la era del cine moderno y de la filosofía de la deconstrucción, el viaje, nuestro viaje por el Arte. Estos restos constituyen toda la material formal desde la que Sara Malinarich nos habla, transmitiendo con intensidad, con hondura, con absoluta honestidad su viaje, este viaje que se proclama hacia las claves de la modernidad del siglo XXI. El resto es cosa nuestra, de ustedes. El puro placer de re-construir en nuestra memoria, este viaje, por acumulación de experiencias sensoriales, por solapamiento de retazos residuales de nuestras propias experiencias pasadas que se reavivan en torno a la narración que Sara nos va proponiendo en cada pieza. En cada situación. La exquisita sensibilidad con que nos es contado, territorio del solo artista, nos descubrirá a cada uno, de manera individual e intransferible a una Sara Malinarich, auténtica pero atrapada. Luego, propondremos el diálogo, con la materia común que nos ha proporcionado, para formar el contenido de nuestros posicionamientos, de cada una de nuestras actitudes vitales. Si volvemos a la magia de la Pintura a través de este viaje mediático..., bienvenido entonces sea este viaje y todas sus consecuencias.
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