
Hace poco más de un
siglo, cuando Alexander Bain registraba la primera patente de telegrafía
que permitiera la transmisión de manuscritos y dibujos, nacía el afán de
comunicarse a distancia. La idea no sólo apuntaba a comunicarse a través
de códigos, o también de hablar, sino de “ver” a distancia. A fines del
siglo XIX el telégrafo óptico ya podía enviar imágenes con razonable
definición en tonos grises.
Este tipo de
tecnología implicaba una superación de las distancias territoriales,
solucionaban el problema de las relaciones interpersonales entre
individuos separados por el espacio, abrían la posibilidad del mensaje
“sin cuerpo” y todo ello a través de un concepto fundamental:
Transformar el espacio en tiempo. Un telegrama enviado en 1896 alrededor
del mundo tardó cincuenta minutos en consumar su viaje global. El
telégrafo sin hilos podía enviar, a principios del siglo pasado, hasta
treinta palabras por minuto; el teléfono y la radio permitían una
audición en directo.
El “hablar” a larga
distancia en tiempo real estaba, en principio, solucionado con estas
tecnologías. Faltaba poder “ver” a larga distancia, función que como ya
sabemos cumpliría la televisión [1].
Si las formas de
deslocalización halladas hasta ahora - así como las
transformaciones frente a la obra - suceden sólo a través de las nuevas
tecnologías, ¿podemos afirmar, entonces, que las personas se
teletransportaban sólo a partir del siglo XIX? Ciertamente que
no. La presencia y la ausencia no son sólo características de la
información potencial contenida en servidores. Esa ambivalencia ha
estado presente desde la prehistoria con la pintura rupestre.
¿Puede, sin embargo,
el concepto o la idea en sí provocar -en cualquier soporte-
esta migración del espectador frente a la obra?
Manuel Terán [2], en
su proyecto de pintura urbana Retrato Capital [3] trasforma el
espacio para modificar el tiempo y nos muestra, mediante un contrapunto
pictórico, las ciudades de Madrid y Santiago de Chile.
Esta nueva visión de
la capital, mezcla de lo natural y lo urbano, es un recorrido donde el
espectador pasa a ser el habitante que articula la obra pero también el
que se transforma frente a ella. En ambas ciudades el espectador puede
llegar a reconocer paisajes que no les son propios, es decir, madrileños
atravesando las fronteras de su experiencia, proyectándose en el paisaje
santiaguino y viceversa. Esto no sólo se debe a una similitud
urbanística relevante entre ambas ciudades. Al parecer, la necesidad de
encontrar una identificación con la realidad ofrecida es mayor que la
propia veracidad.
Esta suerte de migración identitaria libera al
realismo y lleva al espectador a habitar directamente en la pintura
porque es ahí donde realmente se produce la fusión.
En la obra de Manuel
Terán los movimientos y transportaciones son intencionales; en las
nuevas tecnologías este concepto es inherente: la virtualidad es una
condición.
A través de las TIC,
el mundo y su percepción está en revisión. En esta reconfiguración de la
realidad, los artistas plásticos están encontrando nuevos códigos de
comunicación, permitiendo que las artes plásticas se renueven de igual
forma. Por tanto, arte y nuevas tecnologías tienen hoy más puntos en
común y mayor fusión desde que las problemáticas no redundan en el
soporte ni la tecnología es el único fin.
Notas y
referencias
[1] GIANNETTI,
CLAUDIA. Ars Telemática . Claudia Giannetti, ed.1998
[2] Manuel Terán es
artista plástico, pintor, ha expuesto en Milán, Santiago de Chile,
Murcia, Madrid, Toledo, Valencia, Cuenca. En el año 2001, el Museo de
Artes Visuales de Santiago le encarga una obra para su colección:
“Revelado”. Su proyecto más reciente del que hablamos en esta
columna es, “Retrato Capital” , el que ha sido expuesto en la
Fundación Caja Madrid (Espacio para el Arte, Madrid) y durante el año
2006 se presentará en galerías de arte de Madrid, Bilbao, León y
Pamplona.
En relación con el
arte electrónico, ha trabajado desde el año 2000 en proyectos de
naturaleza digital en colaboración con otros artistas, enfocando sus
aportaciones en el terreno de la estética y la creación de soportes
híbridos para la creación. Su trabajo en el área de la investigación se
ha visto expresado en obras que abordan desde la cyberacción como “
Luminisensor” hasta la vida artificial “Foto.sin.tesis”.
Su último trabajo en el área de la creación multidisciplinar es el
proyecto “ ÓRBITA”, donde centra su interés en la coherencia
del uso de las nuevas tecnologías, investigando soportes y programas
tecnológicos recientes para su diversificación.
Actualmente reside
en España y trabaja en dos proyectos en relación con las nuevas
tecnologías: un proyecto de cortometraje y el proyecto INTACT
.
[3] http://www.manuelteran.net/retrato%20_capital.htm